Mientras trabajaba, mi hijo me pidió que fuéramos al parque, le dije que no podía y eso lo puso muy triste. Eso me hizo comprender que debía disfrutarlo, porque aunque el trabajo que estaba haciendo era importante, mi hijo era mucho más importante y ellos crecen tan rápido que necesitamos aprovechar cada instante con ellos.
Querido hijo: Hoy voy a sonreír cuando vea tu rostro. Quiero llevarte al parque a jugar y luego en la casa jugaremos juntos. Voy a desconectar el teléfono y a apagar la computadora, para sentarme junto a ti.
Quiero contarte sobre lo mucho que te quiero. Cuando te bañes, te dejaré salpicar en la tina y no me voy a enojar. Te dejaré despierto hasta tarde. Cuando vayas a dormir, te dare un beso de buenas noches; daremos gracias a Dios por ser tú, el mayor regalo que he recibido.
Voy a pensar en los padres que están ahora buscando a sus hijos extraviados; que visitan a sus hijos en sus tumbas en lugar de sus camas y en los que están en los hospitales mirando sufrir a sus hijos, gritando por dentro por no poder hacer nada.
Así, agradeceré a Dios por ti y no le pediré nada. Estamos sumergidos en nuestras rutinas diarias y olvidamos el hermoso regalo que son los niños. No podemos saber si Dios nos dará un día más para poder disfrutarlos.
No permitas que tus ocupaciones te hagan descuidar a tus hijos. Dios te los dió como un hermoso regalo y como una responsabilidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario