Una amiga mía, quería tener un hijo y por más que lo intentaba, no lo lograba. Ella fue al Ginecólogo, a quien no le gustó lo que vio y le hizo una biopsia, la cual salió positiva. Era necesario operarla y esa operación la dejaría incapacitada para concebir. No había otra solución.
Su estado de ánimo se derrumbó porque debía olvidarse de sus anhelos de ser madre. Estaba entre la espada y la pared, sin escapatoria ni medio alguno de eludir el conflicto. Sin embargo, ella decidió creer en las promesas de Dios y salir de esa situación adversa. El final de la historia es que el supuesto cáncer que ella tenía, desapareció milagrosamente y pudo tener el hijo que anhelaba. Esta historia no me la contaron, sino que fui testigo presencial y cercano.
Cuando te encuentras en un callejón sin salida, tienes dos opciones. Una es rendirte sin fuerzas y con desesperación, desanimo y depresión. La otra es mirar por encima de la adversidad y creyendo en las promesas de Dios, avanzar con fuerzas, esperanzas y muy buen ánimo. Así se logran los milagros. No esperando a ver para creer, sino creyendo para poder ver.
Cuando enfrentes adversidad, no te encierres, ni te apartes, ni te enojes. Más bien, cree, lucha y avanza.
No es bueno estar en situaciones adversas, pero lo peor es estar ahí, dudando de las promesas de Dios.
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