¿Tienes hijos? Si los tienes, seguramente te has molestado por las cosas que hacen y dicen o por su manera de ser. Seguramente, también te has preocupado por lo que no hacen y por lo que no dicen. Estás en una bipolaridad entre molestarte y preocuparte, criticándolos y regañándolos en ambos casos. Tienes problemas con lo que son y también con lo que no son.
Lo más grave es que siempre ves sus debilidades, pero pocas veces ves sus fortalezas, y generalmente sientes que te agotan la paciencia.
Pero, la situación puede cambiar. Necesitas comprender que todos los hijos son diferentes, aunque sean hermanos de papá y mamá, hayan vivido juntos por años o tengan la misma educación. Tus hijos no son perfectos, pero Dios los ha hecho únicos y valiosos. Debes ayudarlos y guiarlos en sus debilidades y necesidades, apreciando sus fortalezas y capacidades.
Busca la dirección de Dios, para educar a tus hijos. Dios puede transformar, desarrollar y fortalecer tu carácter y el de tus hijos, produciendo amor, alegría, paz, paciencia, bondad, amabilidad, fidelidad, humildad y dominio propio, en tu hogar, para la armoniosa formación de tus hijos.
Reconoce que no eres perfecto y que necesitas ayuda en la formación de tus hijos. Hay excelentes libros y profesionales que te pueden ayudar. Además, si le permitimos a Dios participar en proceso, verás una transformación sobrenatural en tu familia. Pruébalo y verás.
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