Todo comienza cuando piensas que no estás en el lugar, ni el momento correcto. Continúa con tu carga emocional por las circunstancias que te rodean. Luego deseas que la vida fuera diferente y presionas situaciones y personas para tratar de lograr tu deseo de cambiar las circunstancias. Eres esclavo de tus planes y la falta de tiempo. Revives el pasado, te preocupa el futuro, cedes ante tus miedos y evitas la confrontación. Tus pensamientos te atormentan y estás decepcionado de la vida.
Ha llegado la angustia… y la angustia te paraliza, te ata y te desconecta.
¿Qué hacer? Acepta que la angustia llegó, pero no le permitas que se quede. Deja de lamentarte y acepta tu situación y las circunstancias que te rodean. Recuerda que te pueden quitar todo, menos tu libertad de decidir como quieres sentirte ante cada situación. Decide ser libre para sentirte bien y ser feliz. Cree que todo pasa por una razón dentro del plan de Dios y que toda circunstancia te ayuda a crecer. Vive el presente porque es lo único cierto que tienes. El pasado ya murió y el futuro es impredecible y no ha llegado aún.
Si confías en Dios, tus paradigmas cambiarán, verás más allá de las circunstancias y descubrirás nuevas oportunidades. Tu tienes potencial para lograr el propósito para el que fuiste creado.
¡La angustia existe! Pero no te dominará, porque Dios vive en tu corazón y te da Su Paz.
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