viernes, 14 de enero de 2011

La Oración De Los Padres

Tenemos la oportunidad de ayudar a cambiar el mundo, pues solo cuando la familia sea sana, el mundo lo será. La violencia, las adicciones, los resentimientos, baja autoestima, la falta de identidad, el odio, la depresión, el suicidio y todos los males que aquejan a la humanidad, se inician en el seno de la  familia.

Busquemos la ayuda de nuestro Padre que está en el cielo.

Señor:

Ayúdame a comprender a mis hijos, a escuchar pacientemente lo que tengan que decir, a contestar con cariño todas sus preguntas. Hazme tan amable con ellos, como quisiera que lo fueran conmigo y no me permitas interrumpirlos, hablándoles de mal modo, si no enseñándoles con amor. Dame el valor de confesar mis faltas para con mis hijos, no permitas que me burle de sus errores, ni que los humille o avergüence delante de sus amigos o hermanos como castigo. No me permitas tampoco que induzca a mis hijos a hacer cosas indebidas por seguir mi  mal ejemplo.

Te pido que me guíes para que pueda demostrarles, con todo lo que diga y haga, que la honestidad es la verdadera fuente de la felicidad. Reduce el egoísmo que hay dentro de mí, haz que cese mis críticas de las faltas ajenas, que cuando la ira trate de dominarme, me ayudes a controlarme y enséñame a contener mi lengua. Haz también que tenga siempre a flor de labios una palabra de estímulo, tratando a mis hijos, conforme a sus edades, sin robarles la oportunidad de actuar por si mismos con responsabilidad, para pensar, escoger y tomar sus decisiones de acuerdo a su edad.

Corrígeme Señor para que no los agreda física o verbalmente, con el pretexto de corregirlos y que por el contrario, que siempre tenga para ellos: tiempo, abrazos, amor y besos, que es lo más importante que debo yo regalarles. Además, permíteme poder satisfacer sus deseos justos, pero dame siempre el valor de negarles un privilegio que sé que les causará daño. Hazme tan justo, tan considerado y amigo de mis hijos, que me sigan por amor y no por temor, para que pueda yo ser su padre amigo y no su jefe.

¡Señor, permite que me parezca un poquito a ti, para que mi hijo tenga en mí un buen ejemplo que seguir!

Amén

Que Dios nos bendiga y respalde para que seamos una bendición para nuestros hijos.

Efesios 6:4
Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino más bien edúquenlos con la disciplina y la instrucción que quiere el Señor.

Colosenses 3:21
Padres, no hagan enojar a sus hijos, para que no se desanimen.

Hebreos 12:10
Nuestros padres aquí en la tierra nos corregían durante esta corta vida, según lo que les parecía más conveniente; pero Dios nos corrige para nuestro verdadero provecho, para hacernos santos como él.

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