¿Qué nos hace feliz? ¿El amor de nuestro cónyuge, hijos, padres o amigos? ¿El éxito, la fama y el reconocimiento que produce nuestra profesión o actividades personales? ¿Nuestro dinero, bienes materiales, viajes, comodidad, diversión y placeres que disfrutamos? ¿Nuestra salud, belleza, atractivo, fortaleza y capacidad física?
Todos los factores antes mencionados son muy agradables, pero si nuestra felicidad depende de cualquiera de ellos, tenemos una felicidad muy frágil y vulnerable, porque todos esos factores pueden cambiar repentinamente y están totalmente fuera de nuestro control; por lo tanto, todas las experiencias que nos rodean en esta vida pueden cambiar rápidamente, continuamente y permanentemente.
La lección que debemos aprender es que todos esos factores que producen nuestras experiencias de vida diaria, debemos disfrutarlos cuando los tenemos, pero no debemos anclar nuestra felicidad a ellos. Que seamos felices debe depender de que nosotros deseemos ser felices independientemente de cualquier factor o experiencia. Sólo de nosotros y de nuestra determinación debe depender nuestra felicidad, en cada situación y en cada momento de la vida.
Como resumen, la felicidad es una decisión personal. Podemos ser felices con cualquier tipo de experiencia porque al haber decidido que queremos ser felices, tendremos la actitud adecuada para afrontar cada situación y circunstancia con el amor, la paz, la paciencia, la alegría, la fe y la esperanza que forman la felicidad verdadera y duradera.
Hasta aquí lo que hemos dicho es 100% cierto. El problema está en que no es fácil ser felices solo con nosotros mismos y dentro de nosotros mismos. Necesitamos completar la ecuación para poder hacer de este principio una realidad. La verdadera felicidad se logra en nuestra relación personal con nuestro Padre celestial a través de Nuestro Señor Jesucristo y por intermediación del Espíritu Santo.
¡Ese es el camino: la felicidad está en El Señor!
Mateo 13:44
El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un terreno. Un hombre encuentra el tesoro, y lo vuelve a esconder allí mismo; lleno de alegría, va y vende todo lo que tiene, y compra ese terreno.
Lucas 1:47
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.
Juan 4:36
El que trabaja en la cosecha recibe su paga, y la cosecha que recoge es para vida eterna, para que tanto el que siembra como el que cosecha se alegren juntamente.
Juan 14:23
Jesús le contestó: El que me ama, hace caso de mi palabra; y mi Padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a vivir con él.
Juan 14:27
Les dejo la paz. Les doy mi paz, pero no se la doy como la dan los que son del mundo. No se angustien ni tengan miedo.
Gálatas 5:22-23
En cambio, lo que el Espíritu produce es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Contra tales cosas no hay ley.
Los versículos de la Biblia citados, son de la versión: Dios Habla Hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario