viernes, 3 de diciembre de 2010

No Nos Desgastemos y Agotemos

¿Qué nos pasa con el correr de los años según vamos avanzando en la batalla de la vida? Las batallas y luchas nos desgastan. Nos importa si las ganamos, igualmente nos agotan. No es posible atravesar la vida con todas sus luchas, batallas, angustias, problemas y adversidades, sin que nos desgastemos y agotemos. Nuestro agotamiento y desgaste nos impide continuar dando frutos, porque nos atrapa, nos ata y nos inmoviliza.
 
¿Qué se nos agota? Por ejemplo: la paciencia, la prudencia, la tolerancia, la esperanza, la fe, la imaginación, la alegría, la voluntad, la perseverancia, la visión, la creatividad, la flexibilidad, la fuerza, la agilidad, la rapidez, la perspectiva, la objetividad, la imparcialidad, el autoestima, el equilibrio, el positivismo, los sueños, las metas, la paz interior, la capacidad para amar, las ganas de aprender, la capacidad para aceptar cambios, las ganas de continuar luchando, las ganas de vivir, la disposición para levantarnos cuando caemos, la capacidad para perdonar, la apertura para aceptar cuando nos equivocamos, la habilidad de saber callar, el dominio propio, etc. También acumulamos otras muchas cosas como: las dependencias, los vicios, la ira, el enojo, el odio, la tristeza, la amargura, el dolor,  las contiendas, los celos, la descortesía, el rencor, el orgullo, la soberbia y el descontrol.
 
Todo lo bueno que se nos agota, más lo malo que acumulamos, nos desgasta profundamente hasta el punto de no poder comprender como podemos seguir adelante. La solución es sencilla, por lo menos en teoría. Necesitamos adquirir nuevas provisiones de lo bueno que se nos está agotando y botar todo lo malo que hemos estado acumulando. De esta manera nos liberamos de la atadura del agotamiento y el desgaste. Así nos renovamos y reprogramamos para los nuevos retos que aún podemos enfrentar en esta vida, para continuar dando frutos, creciendo, progresando y prosperando.
 
¿Cómo nos aprovisionamos de lo bueno y descartamos lo malo? Conectándonos a la fuente inagotable de vida.
 
Juan 4:7-15
Los discípulos habían ido al pueblo a comprar algo de comer. En eso, una mujer de Samaria llegó al pozo a sacar agua, y Jesús le dijo: Dame un poco de agua. Pero como los judíos no tienen trato con los samaritanos, la mujer le respondió: ¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides agua a mí, que soy samaritana? Jesús le contestó: Si supieras lo que Dios da y quién es el que te está pidiendo agua, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua, y el pozo es muy hondo: ¿de dónde vas a darme agua viva? Nuestro antepasado Jacob nos dejó este pozo, del que él mismo bebía y del que bebían también sus hijos y sus animales. ¿Acaso eres tú más que él? Jesús le contestó: Todos los que beben de esta agua, volverán a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré se convertirá en él en manantial de agua que brotará dándole vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame de esa agua, para que no vuelva yo a tener sed ni tenga que venir aquí a sacar agua.
 
Juan 7:37-38
El último día de la fiesta era el más importante. Aquél día Jesús, puesto de pie, dijo con voz fuerte: Si alguien tiene sed, venga a mí, y el que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura, del interior de aquél correrán ríos de agua viva.
 
Juan 15:1-17
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el que la cultiva. Si una de mis ramas no da uvas, la corta; pero si da uvas, la poda y la limpia, para que dé más. Ustedes ya están limpios por las palabras que les he dicho. Sigan unidos a mí, como yo sigo unido a ustedes. Una rama no puede dar uvas de sí misma, si no está unida a la vid; de igual manera, ustedes no pueden dar fruto, si no permanecen unidos a mí. Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada.  El que no permanece unido a mí, será echado fuera y se secará como las ramas que se recogen y se queman en el fuego. Si ustedes permanecen unidos a mí, y si permanecen fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran y se les dará. En esto se muestra la gloria de mi Padre, en que den mucho fruto y lleguen así a ser verdaderos discípulos míos. Yo los amo a ustedes como el Padre me ama a mí; permanezcan, pues, en el amor que les tengo. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les hablo así para que se alegren conmigo y su alegría sea completa. Mi mandamiento es este: Que se amen unos a otros como yo los he amado a ustedes. El amor más grande que uno puede tener es dar su vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo. Los llamo mis amigos, porque les he dado a conocer todo lo que mi Padre me ha dicho. Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo los he escogido a ustedes y les he encargado que vayan y den mucho fruto, y que ese fruto permanezca. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Esto, pues, es lo que les mando: Que se amen unos a otros.
 
Gálatas 5:22-23
En cambio, lo que el Espíritu produce es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Contra tales cosas no hay ley.
 
 
 
Los versículos de la Biblia citados, son de la versión: Dios Habla Hoy.

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Mateo 10:8b
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1 Pedro 4:10
Como buenos administradores de los diferentes dones de Dios, cada uno de ustedes sirva a los demás según lo que haya recibido.
2 Juan 1:8
Tengan ustedes cuidado, para no perder el resultado de nuestro trabajo, sino recibir su recompensa completa.

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