Lo Quiero y Lo Quiero Ya
¿Que nos lleva a endeudarnos? ¿Ropa nueva, una computadora, un teléfono celular, un televisor, muebles, un automóvil, un viaje, joyas, fiestas? Comprar puede ser muy agradable, pero ¿debemos endeudarnos para comprar? Hay un hecho que probablemente ya muchos de nosotros hemos averiguado: las deudas nos quitan la paz. Las deudas nos dan cosas, pero nos quitan la paz. El placer que nos proporcionan las cosas que hemos comprado no compensan todos los problemas que las deudas nos producen.
Aquí necesitamos explorar dos áreas de nuestro crecimiento y desarrollo espiritual: El dominio propio y la paciencia. Primeramente exploremos el tema del dominio propio. Existen necesidades, deseos, y anhelos.
Necesidad: Carencia de las cosas que son básicas para la vida.
Deseo: Movimiento afectivo hacia algo que se apetece.
Anhelo: Deseo que tiene una fuerza impetuosa y que obra de forma irreflexiva.
Obviamente debemos cubrir nuestras necesidades, pero necesitamos del dominio propio para controlar nuestros deseos y anhelos. Hay deseos que son justificados y validos para mejorar nuestra calidad de vida, pero hay otros que son más bien consecuencia de la vanidad y el hedonismo. La gama de los deseos que comienza con un deseo de mejorar y termina en la vanidad y el hedonismo, tiene un rango muy amplio que comienza con deseos controlados y termina en anhelos incontrolables. La única salida es el dominio propio.
Ahora exploremos el tema de la paciencia. Las necesidades no pueden esperar porque son básicas para la vida. Pero nuestros deseos de mejorar nuestra calidad de vida, aunque son importantes, se pueden planificar y por lo tanto, pueden esperar. Es aquí donde entra la paciencia juega un papel fundamental.
De aquí salen dos estilos de vida:
1. Cuando somos débiles de espíritu y nos falta dominio propio y paciencia, queremos obtener ahora, en este momento, ya, todos nuestros deseos y anhelos. Como no hay ingresos suficientes para complacer todo eso. Entonces tomamos el camino del crédito. Vivimos al día, pagando deudas y sin capacidad para enfrentar imprevistos y perdemos nuestra paz.
2. Cuando somos fuertes de espíritu y tenemos dominio propio y paciencia, desechamos los anhelos y deseos de vanidad y hedonismo. Mantenemos nuestros gastos por debajo de nuestros ingresos y ahorramos. Con nuestros ahorros logramos satisfacer nuestros deseos de mejorar nuestra calidad de vida, tenemos siempre un colchón para imprevistos y vivimos en paz.
El Apóstol Pablo nos enseño que el Espíritu Santo produce en nosotros amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. (Gálatas 5:22-23)
Pidamos a nuestro Padre celestial que nos llene con Su Espíritu Santo para poder vencer este ciclo vicioso del crédito y las deudas, ladrón de la paz.
Ahora estudiemos la historia de un hombre que no tuvo ni dominio propio ni paciencia:
Lucas 15:11-16
Jesús contó esto también: Un hombre tenía dos hijos, y el más joven le dijo a su padre: Padre, dame la parte de la herencia que me toca. Entonces el padre repartió los bienes entre ellos. Pocos días después el hijo menor vendió su parte de la propiedad, y con ese dinero se fue lejos, a otro país, donde todo lo derrochó llevando una vida desenfrenada. Pero cuando ya se lo había gastado todo, hubo una gran escasez de comida en aquel país, y él comenzó a pasar hambre. Fue a pedir trabajo a un hombre del lugar, que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Y tenía ganas de llenarse con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Los versículos de la Biblia citados, son de la versión: Dios Habla Hoy.
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