viernes, 29 de abril de 2011

Tu Prioridad

Hay una historia de un hombre que nunca tenía tiempo para su hijo y cuando el niño le pedía atención, el padre decía, lo lamento hijo pero estoy ocupado. El tiempo pasó, el niño se convirtió en adulto y los roles se invirtieron. El anciano padre, anhelaba tiempo con su hijo, pero el hijo no tenía tiempo para él y cuando el padre lo llamaba, el hijo decía, lo lamento papá pero estoy ocupado. La moraleja es: Lo que siembres en tus hijos cuando son niños, lo cosecharás cuando sean adultos.


¿Dedicas tiempo a tus hijos? ¿Te gustaría hacerlo, pero siempre estás ocupado? Tienes buenas intenciones, pero tus prioridades están mal asignadas y no logras lo que deseas. Sin querer, ignoras a tus hijos, les prestas poca atención y poco tiempo de calidad. Deseas amarlos, cuidarlos y darles seguridad emocional, pero en realidad sólo provees sus necesidades económicas.


Los hijos pequeños, no se atreven a tratarte como los tratas, pero cuando crecen, la inseguridad emocional los hace rebeldes y deciden devolverte lo que recibieron.


Reconoce tu error y reasigna tus prioridades para cumplir con la responsabilidad que Dios te delegó. Si no quieres hijos apáticos e indolentes, que te ignoran, corrige tu relación con ellos. Para cambiar tu manera de actuar, cambia tu manera de pensar.


Lo más importante para Dios es la formación de tus hijos, porque ellos continuarán la obra. Ámalos y dedícales tiempo de calidad.

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